En un tiempo lleno de violadores y de represión sexual las nativas fueron punto a atacar. Meses de viajes, sin ver cuerpos de mujeres, represión, avaricia fueron una parte causante del ultraje que tuvieron que pagar nuestras nativas. Así se fue haciendo reputación el macho ibérico, quienes al ver aquellas nativas desnudas con sus tetas acariciadas con el aire tropical, no iban a frenar al hambriento.
Según las crónicas una de las primeras guerras entre nativos y colonizadores se dio por el robo y la violación de nativas de la comunidad de los Tainos.
El maldito Miguel de Cuneo amigo íntimo de Colón narró en su segunda expedición como azotó a una nativa que llevó obligada a su camarote y donde la nativa le enterró las uñas al defenderse de su deprobable deseo y como después de la tunda de golpees se convirtió en su ramera (8).
A mitad de 1500, ya la fogosa Nueva Cádiz se le conocía por ser una sociedad mal trecha, llena de crueldad y de lujuria. Aunque hay que hurgar lo suficiente en la historia sobre la isla, para hallar sobre los ultrajes a los cuerpos de las mujeres nativas o africanas, no solo se violaban, sino que también se designaba por lo general a una mujer nativa o africana el mal de ser “esclavas mozas”, quienes servían a los amos en cualquier en lo que él demandara, pero sobre todo satisfacían la violencia de los hombres blancos.
Al ser común esta práctica no quedó de otra que a la Real Corona dar aprobación las Casas de la Mujeres Públicas (9) que en años después veremos. No les quedó de otra a las esclavas quienes se ubicaban en la estructura o extracto social más bajo en la colonia que formar parte de las plusvalía sexual étnica (10).
No sólo para defender a las mujeres «honradas» de un posible extravío, sino para cerrar la puerta al homosexualismo, se toleró en España la prostitución. Así ocurrió en Aragón en el siglo XV… La prostitución propiamente tal de las indias bajo la dominación española fue restringida, por la facilidad que había de disponer de cualquier mujer al antojo” (Patiño, 1912-2001)
Fue así como no supusimos reconocer quién domina quién, fue así como sabemos de tan anheladas riquezas hay en estos territorios. Es la maldición que tenemos que arrastrar aquellos que nacimos en estas costas, en estas tierras siglos de extracción de riquezas y que hoy por hoy sigue vigente.