Este segundo encuentro nos impulsó a seguir sosteniendo este espacio y a compartir con mujeres de toda Latinoamérica. Las participantes recibieron con mucha emoción la presentación del material pedagógico «Metodologías de Educación Popular para la Justicia Climática», el cual está disponible para descarga gratuita en Mapas de Falsas Soluciones. Durante el evento, que tuvo una duración de una hora, nuestra compañera Liliana Buitrago explicó en profundidad el enfoque de esta metodología y las herramientas prácticas que aporta para nuestras luchas cotidianas.

El mito del bajo impacto: Existe un escepticismo generalizado debido a la dependencia histórica del extractivismo. Aunque suele argumentarse que el impacto local es mínimo, la realidad demuestra que el país contribuye significativamente, posicionándose desde 2022 como el cuarto en Latinoamérica con mayor aumento en emisiones de gases de efecto invernadero, debido principalmente a la industria de hidrocarburos.
Hablar de justicia climática en Venezuela significa adentrarse en un terreno poco transitado y difundido. Al ser un país cuya economía ha dependido históricamente del extractivismo a gran escala, entendiendo el desarrollo como un crecimiento económico constante, proponer otras visiones suele generar escepticismo. Con frecuencia se escuchan argumentos como «nosotros no aportamos tanto al calentamiento global a nivel mundial». Sin embargo, la realidad es otra: Venezuela sí contribuye al cambio climático.
De hecho, desde el año 2022, es el cuarto país de Latinoamérica con mayor aumento en las emisiones de gases de efecto invernadero, provenientes en gran medida de la industria de los hidrocarburos.
En un contexto nacional marcado por el colapso inminente de los servicios públicos, salarios devorados por la hiperinflación y una profunda crisis de los cuidados, detenerse a pensar en las consecuencias globales de la crisis climática y en la falta de políticas ambientales suele percibirse como un lujo secundario. No obstante, la inacción ya nos está pasando factura: nos convertimos en el primer país de la cordillera en perder todos nuestros glaciares, la vulneración de los ecosistemas va en aumento y sufrimos desequilibrios climáticos que se traducen en lluvias torrenciales, sequías prolongadas y el incremento de enfermedades tropicales.
Al finalizar el encuentro virtual, cerramos las pantallas para concentrar la energía en el compartir presencial y abrir nuestro segundo círculo. Esta vez, comenzamos con una meditación de enraizamiento en el presente y una práctica de autocuidado centrada en la reflexología, regalándonos masajes en los pies y aplicando acupresión en zonas energéticas vinculadas a la columna vertebral y nuestro útero.
El Círculo Presencial: Autocuidado y Reflexión
Tras la agenda virtual, el encuentro transitó hacia un espacio presencial de cuidado colectivo y arraigo. La jornada cerró con una meditación, prácticas de reflexología y un ejercicio de interpretación narrativa grupal. A través de esta dinámica, las participantes reflexionaron sobre la soberanía económica, el rechazo al productivismo acelerado que agota los cuerpos y la importancia de construir rebeldías colectivas para sostener la vida.

La Baraja Solar y el círculo: Entre el enraizamiento y la palabra

Posteriormente, pasamos a jugar con la Baraja Solar, historia de la energía, un recurso de narrativa visual que nos cautivó profundamente. No solo narra el devenir de la energía, sino que expone cómo la humanidad se ha vinculado con ella como fuente de vida. Repartimos las cartas y cada compañera eligió una para compartir su libre interpretación a partir de sus propios saberes y vivencias.
Con el cuerpo dispuesto, el círculo se convirtió en un tablero de juego y reflexión a través de la Baraja Solar, historia de la energía. Esta baraja narrativa, cargada de ilustraciones potentes, no solo documenta cómo la humanidad ha transformado sus fuentes de vida, sino que se convirtió en el espejo perfecto para debatir sobre la justicia climática desde nuestras propias vivencias.

El diálogo en ronda nos llevó a transitar por distintas cartas: la 7 (fábrica), la 5 (la pócima mágica), la 15 (la gran aceleración), la 9 (la tecnolatría), la 17 (la tierra de sacrificio), el 27 (el elíxir), el 26 (la rebeldía) y, finalmente, el 1 (el sol). Cada una reflexionó sobre la carta que le tocó, reconociendo su propia relación con ella.
Por ejemplo, nos preguntamos: ¿cómo hacer para sostenernos económicamente sin caer en la trampa de ver la tecnolatría como lo único viable? Comprendimos también que «como es afuera es es adentro»: de la misma manera en que hemos sacrificado a la tierra, nos hemos violentado a nosotras mismas hacia una acelerada productividad y eficientismo que nos deja vacías y con dolores corporales. Pero como todo tiene su contracara, conversamos sobre la dulce rebeldía de no perder la esperanza, de cómo hacer tejido colectivo y, para cerrar, elevamos la mirada hacia el astro mayor: el sol, fuente de vida en la Tierra y centro desde el cual podemos seguir habitando y resistiendo.
De la aceleración al sacrificio: Cartas como 7 La fábrica, 15 La gran aceleración y 17 La tierra de sacrificio resonaron profundamente. La conversación reflejó que la lógica que explota y sacrifica a la Tierra es la misma que nos sacrifica a nosotras. Así como hay territorios devastados por el hidrocarburo, hay cuerpos agotados por el eficientismo y una productividad voraz que nos deja vacías y con dolores corporales.
El espejismo del desarrollo: Con 5 La pócima mágica y 9 La tecnolatría, el círculo cuestionó ese argumento histórico de que la tecnología y el crecimiento económico constante son las únicas vías de salida. Nos preguntamos cómo sostenernos económicamente sin caer en la trampa de que la tecnolatría es el único futuro viable, especialmente en un país que ya vive el impacto real del cambio climático en sus ecosistemas y servicios públicos.
La alternativa y el retorno: Frente al colapso, aparecieron 27 El elíxir y 26 La rebeldía. Una dulce rebeldía que se niega a perder la esperanza y que apuesta por hacer colectiva la existencia. El juego cerró con 1 El Sol, el astro mayor y fuente de vida, recordándonos que, al reconocernos en comunidad y volver al centro —a lo que realmente sostiene la vida—, es posible construir otras visiones del mundo.

Hacer justicia climática en nuestro contexto va mucho más allá de las cifras de emisiones; implica desmontar el escepticismo compartiendo saberes en círculo. La Baraja Solar demostró ser un dispositivo visual y pedagógico idóneo para entender que como es afuera es adentro: que la sanación de la Tierra y la de nuestros cuerpos están profundamente entrelazadas, y que la salida siempre será comunitaria.
